Pongamos que hablo de Madrid

La virgen de la Almudena. Fuente: G.Griera
La virgen de la Almudena.
Fuente: G.Griera

Querida tía:

Allá donde se cruzan los caminos, donde el mar no se puede concebir, donde regresa siempre el fugitivo, pongamos que hablo de Madrid. Donde el deseo viaja en ascensores, un agujero queda para mí, que me dejo la vida en sus rincones, pongamos que hablo de Madrid. Las niñas ya no quieren ser princesas, y a los niños les da por perseguir el mar dentro de un vaso de ginebra, pongamos que hablo de Madrid. Los pájaros visitan al psiquiatra, las estrellas se olvidan de salir, la muerte viaja en ambulancias blancas, pongamos que hablo de Madrid. El sol es una estufa de butano, la vida un metro a punto de partir, hay una jeringuilla en el lavabo, pongamos que hablo de Madrid. Cuando la muerte venga a visitarme, que me lleven al sur donde nací, aquí no queda sitio para nadie, pongamos que hablo de Madrid.

Estos versos son el primer vínculo que tuve con la capital española y forman una de las canciones de Sabina que escuchaba de pequeño en los viajes con mis padres atravesando el país. Pasábamos siempre por Madrid e incluso parábamos unos minutos por sus alrededores pero nunca me puse a visitarla hasta hace dos años y ayer mismo estuve por cuarta vez. Justo cuando hay más rivalidad política entre Catalunya y Madrid. Aunque una vez allí te das cuenta de que toda esta polémica forma parte del circo mediático y las relaciones que puede tener un independentista con los madrileños son de todo menos hostiles. Un catalán se siente tan cómodo en Madrid como un madrileño en Barcelona.

Templo Debod. Fuente: G.Griera
Templo Debod.
Fuente: G.Griera

Cualquiera a quien le guste disfrutar de una gran ciudad, le encantará Madrid, aunque no tenga playa ni monte. Eso sí, tiene el río Manzanares, que después de la macro-construcción del túnel de la M-30 está rodeado de parque muy bien arreglado, y la sierra de Guadarrama relativamente cerca para hacer senderismo o esquiar a más de 2000 metros de altitud. A parte, el hecho de estar situada en una llanura tan grande le permitió crecer sin tener que escatimar metros y poder conservar grandes espacios verdes como la Casa de Campo o un parque del tamaño de El Retiro. Allí puedes perderte un rato paseando hasta llegar al quinto pino (era donde intimaban las parejas, y originó la mítica expresión).

Uno de los puntos fuertes de Madrid es este carácter imperial y la grandiosidad de su arquitectura. Desde el Palacio Real, el palacio más grande de Europa, a la Moncloa, el reformatorio más grande del mundo, pasando por la Puerta de Alcalá, una puerta demasiado grande para una ciudad de un río tan pequeño como Henares. Algunos de los otros sitios más emblemáticos son  la plaza Real, el Templo de Debod, la Gran Vía, la Catedral de la Almudena, La Cibeles, las Cuatro Torres… entre muchos otros. Pero quizás la cultura es la gran virtud de la capital. No sólo por el chotis (la danza tradicional madrileña) y el arte bohemio o la movida de Madrid, sino porque en Gran Vía puedes encontrar las mejores obras de teatro (y El Rey León desde hace cuatro años) y en los museos del Prado o Reina Sofía están colgadas algunas de las obras maestras más importantes de la historia del arte (y gratis a partir de las 6 de la tarde).

Palacio Real Fuente: G.Griera
Palacio Real
Fuente: G.Griera

Por lo que respecta a la gastronomía, Madrid tiene todo lo bueno de la cocina española en raciones de varios tamaños, desde tapas para picar que te regalan con una caña, hasta platos hondos que se tienes que compartir obligatoriamente. Pero de todos los platos, hay algunos más representativos de Madrid como son el cocido madrileño, el bocata de calamares (me preguntaba por qué los calamares son típicos de Madrid si no hay mar y me contaron que llegan grandes cantidades de pescado de la península a MercaMadrid y convierte la ciudad en uno de los puertos más grandes) o la casquería (plato de los pobres hecho a base de vísceras como son los entresijos o las gallinejas) o, ya más dulce, el chocolate con churros. Ah y por supuesto: a relaxing cup de café con leche.

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