Made in Taiwan

Querido compañero:

Después de tanto trabajar y hablar de Malta me vino a la memoria otro país en una isla que se independizó no hace mucho. La isla de Formosa, República de China o Taiwán, es un país pequeño pero cojonudo, una isla que años anteriores se subastaba entre diferentes países como China o Japón pero que finalmente logró independizarse y se ha erigido como uno de los tigres asiáticos y uno de los países a tener en cuenta mundialmente (sin ir más lejos, el mercado taiwanés está por delante del español). A pesar de esta autonomía política y distinción cultural, Taiwán no deja de ser a simple vista como China, con mucha gente, muchos carteles, muchos templos, mucha comida y muchos ojos ovalados.

Formaciones rocosas de Yeliou. Fuente: G.Griera

Formaciones rocosas de Yeliou. Fuente: G. Griera

Más allá de la obsesión por las mascarillas que tienen muchos taiwaneses, la SALUD es muy importante para ellos, como supongo que lo es para otros países asiáticos, ya que se toman muy en serio el culto al cuerpo. Tienen muy arraigada esta idea de cuidarse y una buena prueba es que todos tienen más años de los que aparentan. Algo que me sorprendió es la cantidad de centros de salud, estética, gimnasios y masajistas que hay en Taipei, incluso salen marcados en los mapas turísticos. Aunque a veces la comida parezca asquerosa, los órganos, mariscos y las verduras que comen son muy saludables y anti-cancerígenas. O al menos es lo que dicen y me lo creo porque no tiene nada que ver con los Pato Beijing, Cerdo feliz o Muralla china que hay en España.

Aparte de la CULTURA de la salud y de la comida, también es muy importante la religión. En Taipei hay unos cuantos puñados de templos de todos los tamaños y edades. Algunos de históricos, otros muy prestigiosos y otros que parecen un garaje. Pero todo el mundo puede ir al templo de cerca de casa a hacer ofrendas y oraciones e incluso hay pequeñas estatuas sin templo en plena calle para que puedas hacer tu oración rápida yendo al trabajo. El procedimiento por lo que he entendido es: hacer una ofrenda (normalmente comida) a los dioses, coger un incienso, hacer una oración pidiendo lo que quieras y dejarlo en la bandeja hasta que ya no tengas más oraciones que hacer. Entonces coges la ofrenda, que ya ha sido probada y aprovada por los dioses, y te vas a casa.

Mercado taiwanés. Fuente: G.Griera

Mercado taiwanés. Fuente: G. Griera

Taiwán es famoso mundialmente por las exportaciones al mercado mundial y todo el mundo tiene en la mente la estampa de made in Taiwan. Caminando por las calles y avenidas de Taipei sientes el acoso que provoca la avalancha de carteles y publicidad y no ves más que una cantidad enorme de tiendas y negocios de todo tipo. Pero la verdadera esencia del mercado taiwanés aparece por la noche y en las calles más estrechas. Cuando oscurece las tiendas montan un tenderete en la calle y consiguen algún metro más para mostrar sus productos. También se llena de puestos de comida rápida al estilo chino, de pequeñas proporciones pero de un precio de broma. También hay que vigilar de no hacer como yo, que al ver que todo era tan barato hice siete comidas y me empaché, con lo que al día siguiente estuve toda la mañana con dolor de barriga. Y como buen mercado no pueden faltar los puestos ambulantes de ropa, monederos y bolsos … al estilo “top manta”. Estas paradas son ilegales y los vendedores están pendientes en todo momento de que no venga ningún policía que los multe y se comunican entre ellos por el auricular. Según decía una vendedora, últimamente la policía es muy estricta y han de hacer y deshacer la parada veinte veces cada noche. Cada barrio tiene un mercado de noche, que abre desde las seis a las dos de la noche y es lo que da más vida a la ciudad.

Vista de Tipei desde Taipei101. Fuente: G.Griera

Vista de Tipei desde Taipei101. Fuente: G. Griera

Disfruté del paisaje urbano de Taipei, una ciudad de muchos contrastes. En menos de 100 metros cuadrados puedes encontrarte con edificios y rascacielos totalmente modernos, templos de siglos anteriores o callejuelas y casitas antiguas y desfasadas. Taipei cuenta con el que fue durante unos años el edificio más alto del mundo, el Taipei 101, desbancado hace cuatro días por la locura de edificio de Dubai. Desde allí se puede observar a vista de pájaro toda la ciudad y ver las largas avenidas como si fueran hilos y las personas como si fueran partículas. Un paisaje urbano visto desde un mirador altísimo.

Pero lo que más disfruté fue de la gente, de los taiwaneses. Me lo habían dicho antes pero no me imaginaba que llegarían a tal punto de amabilidad y simpatía. No sé si son así sólo con los turistas o con todos, si somos nosotros o ellos los extraños. Cuando estaba perdido o situándome con el mapa siempre me venía alguien a ofrecerme ayuda sin que se lo pidiera. Aunque parezca un lugar de difícil adaptación por la diferencia de cultura y lenguaje, sus habitantes hacen que te sientas lo más cómodo posible. Sin duda se esmeran más en fabricar personas que en productos.

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