Las cascadas de Ouzoud

Fuente: Anna Boschdemont

Fuente: Anna Boschdemont

Querido viajero:

Me gustaría proponerte un recorrido a través de uno de los puntos de más interés geológico del Atlas medio marroquí: las cascadas de Ouzoud. Éstas se encuentran en el pequeño pueblo de Tanaghmelt (provincia de Azilal), que está situado a 160 km al noreste de Marrakech.

El bullicio de la ciudad pronto se va a quedar atrás; nos alejamos de los zocos y del barullo de la plaza Djemaa el-Fna para adentrarnos en un pequeño oasis de tranquilidad, esperando recuperar el contacto con la naturaleza, al menos por unos instantes. La paz se empieza a respirar durante las casi tres horas de trayecto en microbús; atravesamos largas carreteras llanas, un paisaje árido sólo roto por algún olivar. De hecho, Ouzoud, nuestro destino, significa oliva en lengua berebere, un producto del cual viven hasta día de hoy muchos habitantes de la zona.

Llegamos al aparcamiento de Ouzoud y prevemos que quizás no encontraremos tanta tranquilidad como esperábamos, pues no sólo los turistas han decido hacer una escapada en este domingo de verano. Se suman a ellos muchos locales, para los cuales es tradición irse a hacer un picnic cerca de las cascadas y pasar así el domingo en familia, una buena muestra de la importancia de la fraternidad en la sociedad marroquí.

Ahora ya acompañados de un guía turístico, empezamos un circuito de tres horas que acabará en el mismo punto donde nos encontramos. Nos disponemos a seguir el cauce del Oued Ouzoud, el río afluente del Oued el Abid. En él, muchos jóvenes se refrescan a lo largo de todo el recorrido. Los mayores, en cambio, los observan tomando un zumo de naranja natural desde las varias paradas que orillan el río.

Fuente: Anna Boschdemont

Fuente: Anna Boschdemont

Atravesamos olivares, bosques y por fin avistamos las cascadas a lo lejos. Aunque disfrutamos de una buena panorámica, nos falta vencer el desnivel para poderlas observar con todo su esplendor desde el pie. Las cascadas de Ouzoud, de tipo segmentado y escalonado, tienen una altura de 110 metros y una anchura de 90 metros con tres caídas, la mayor de ellas, de 75 metros de altura. De marzo a junio es cuando son más magnificentes gracias al deshielo de la nieve de las montañas; aun así, durante todo el año los atardeceres son amenizados por mágicos arcos iris que aparecen a distintas alturas y ofrecen a los visitantes más suertudos oportunidades fotográficas únicas.

En la base de las cascadas se forman piscinas naturales por donde pequeñas barcas llevan a los visitantes hasta la misma caída del agua, intentando esquivar a los bañistas, algunos de los cuales saltan desde las rocas. Atravesar la rudimentaria pasadera se convierte en un deporte de riesgo debido a las aglomeraciones. Una vez al otro lado, nos abrimos paso hasta uno de los restaurantes con vistas a las cascadas que, por unos 80 dírhams, ofrece un menú con ensalada, segundo plato a elegir entre tajín de ternera, pinchos de pollo o tortilla, fruta y té con menta. Desde los accesos hasta los restaurantes, está todo preparado para los visitantes.

Si algún día visitas Marruecos, te animo a explorar esta región, que esconde tesoros naturales como las cascadas de Ouzoud.

Hasta pronto.

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