‘La sal de la tierra’ (2014), de Win Wenders y Juliano Ribeiro Salgado

Fuente: Google

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Querido papá:

En tiempos de Instagram e Youtube, el mejor documental que he visto en los cines barceloneses este año tiene más blanco y negro que filtros milagrosos y colores, más fotogramas parados que imágenes en movimiento. La verdad es que La sal de la tierra pica. Con encuadres primorosos y narración intimista, Win Wenders y Juliano Ribeiro Salgado han logrado trazar, de manera sencilla, un sofisticado perfil del hombre que es uno de los fotógrafos más aclamados de la actualidad.

Durante una hora y media, el espectador tiene acceso no sólo a la obra de Sebastião Salgado sino también a algunos detalles de su trayectoria personal y profesional. Está todo ahí: los paisajes de su niñez, la voz y el rostro de su padre, los instantes con sus hijos, las panorámicas de su complicidad con la esposa, la omnipresencia del espíritu aventurero y una mirada precisamente sabia sobre la existencia humana. La película es exactamente eso: precisa.

El itinerario, sin embargo, es vasto. Hace un recorrido por Níger, Siberia, Kuwait, Brasil, Ruanda, Islas Galápagos, Etiopía, Papúa Nueva Guinea y otros rincones más del mundo. Dicho sea de paso, hay imágenes de los bastidores del increíble proyecto Génesis, exposición inaugurada recientemente en CaixaForum Barcelona y que se quedará en la Ciudad Condal hasta febrero. La sal de la tierra posibilita, sobre todo, una visita al proceso creativo de Salgado, con derecho a acercarse un poco más a sus impresiones, reflexiones e inspiraciones.

Éxito de crítica y público, el largometraje se estrenó en España el pasado 31 de octubre. Antes de eso, ya había sido exhibido en varios festivales internacionales, entre ellos, el de San Sebastián y el de Cannes. Fue premiado en ambos. Tal vez, el verdadero protagonista de todo eso sea el contraste. En la pantalla, las luces y sombras de Salgado. En las butacas, corazones con latidos descompasados en medio de un silencio sincronizado y avasallador. Así de sencillo. Así de sofisticado.

¡Un beso, papá!

Ojalá estuvieras aquí.

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