Sin prisa pero sin pausa

Querida amiga:

Slow

Fuente: Google

Después de haber compartido varios viajes contigo, sabes de sobra que me encanta planificar un viaje. Comprar los billetes, reservar el alojamiento, planear un ruta para cada día, documentarme sobre el destino…

Viaje tras viaje me he dado cuenta de que planifico demasiado. No sirve de nada marcarse unos objetivos cuando realmente quieres disfrutar del lugar al que te diriges.

El turismo slow es una forma de viajar que busca la máxima integración del viajero con el destino y su entorno. El viaje comienza desde que nos levantamos de la cama el día que nos disponemos a partir hasta que volvemos de nuevo a nuestro hogar. Slow es una actitud que uno mismo toma cuando te dispones a observar y te inquieta lo desconocido.

Esta actitud viajera no es compatible con las personas que viajan pocos días a un lugar y pretenden visitar todos los monumentos y sitios relevantes del mismo. Esta es una situación que he vivido en mi propia piel y que no voy a repetir. Planificar está bien en cierta medida pero cuando llega al extremo en el que te das cuenta de que las vacaciones no han sido vacaciones; de que vuelves más cansada de lo que te fuiste, algo falla.

Con el tiempo mi forma de pensar ha cambiado. No hay nada más bonito que volver a un lugar en el que dejaste pendiente sitios que te hubiera gustado visitar. Me encanta visitar nuevos destinos pero también volver a aquellos en los que me quede con ganas de ver más. Es cierto que a veces el poco presupuesto y el tiempo impiden ejercer el turismo slow, pero sin duda es una actitud que te permite sentirte como los autóctonos y entender su cultura y forma de vida.

En el próximo viaje que compartamos iremos sin prisa, disfrutando de cada paso que damos y perdiéndonos por las calles y los lugares más recónditos.

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