‘Ocho apellidos vascos’ (2014), de Emilio Martínez-Lázaro

Cartel de la película. Fuente: Filmaffinity

Cartel de la película
Fuente: Filmaffinity

Querido cinéfilo:

En los cines de España ha aparecido un fenómeno muy destacado estos últimos meses: la consolidación de un cartel de una comedia española como parte de la fachada del cine. Ocho apellidos vascos es la película que más tiempo ha durado en el número uno de la taquilla española y ya lleva casi cuatro meses en cartelera. Ha multiplicado por 25 los beneficios y ha sido vista por 9 millones de espectadores convirtiéndose en la película de producción española más rentable y más vista de la historia del cine español. No es moco de pavo. Ni hipotermia de avestruz.

La fórmula: juntar a un cómico gracioso con una actriz guapa y con carácter para que escenifiquen el amor y desamor entre sevillanos y vascos. La unión de romanticismo facilón, malabarismos entre desgracias y mentiras y la sátira política y nacional ha dado sus frutos para convertir en un éxito histórico una simple historia. Rafa (Dani Rovira) conoce en su bar de Sevilla a Amaia (Clara Lago), una joven vasca agridulce recién separada, que se le escapa de casa dejándose el bolso. Para devolvérselo y conquistarla, él decide viajar al pueblo de su pretendida, en el corazón del País Vasco. Una serie de circunstancias llevarán al joven sevillano a tener que hacerse pasar por un auténtico vasco con ocho apellidos, e ir enredándose cada vez más en el personaje para lograr sus propósitos.

Los apellidos que se inventa son: Arguiñano, Igartiburu, Erentxun, Gabilondo, Urdangarín, Otegi, Zubizarreta y… Clemente. Con eso ya se puede intuir por dónde van los tiros. Los tópicos y estereotipos se amontonan en el argumento como palillos en el suelo de una taberna, provocando la mayor de las alegrías o el peor de los odios entre los dos polos opuestos de la geografía española. Utiliza el recurso humorístico como pegamento que da consistencia a toda la película. Una de las mejores expresiones de comicidad que va utilizando al largo del film son las situaciones comprometidas resueltas con improvisaciones absurdas que ponen en entredicho al protagonista. La actuación de Dani Rovira es sublime, a pesar de ser su primera vez en la gran pantalla, porque un simple gesto suyo ya provoca una carcajada sin querer.

Más allá del momento distendido y divertido que nos regala la película, el protagonista nos plantea un tipo de viaje lleno de incógnitas y desdichas. Rafa se dispone a ir más allá de Andalucía, por primera vez en su vida, para conseguir el amor de una chica y se encuentra en un ambiente totalmente diferente de su hábitat y peor aún, hostil, por lo que se tendrá que adaptar como pueda. De repente pasa de un sevillano engominado con polo y náuticas a un puro abertzale, líder de los movimientos nacionalistas. A pesar de que el pueblo de Amaia es ficticio, en toda la película se puede observar el típico paisaje vasco, las costas, los pueblecitos y el talante, aunque por supuesto exagerado. Los acentos vascos de los actores no están del todo logrados, defecto que han criticado mucho desde Euskadi.

Y para terminar, es posible que con tanto éxito hagan la secuela. Me imagino la historia al revés, un vasco viaja hasta Andalucía para conseguir el amor de una chiquilla. Una escena podría ser la andaluza riñendo al vasco:

– La próxima vez que quieras tirar una piedra vigila porque la que has tirado es de los ingleses.

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