La polifonía brasileña

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Hermana:

Te escribo esta postal con un vacío en mi pecho. Un hueco. Un eco. Una sinfonía de nostalgia. Una batucada de silencio. Te escribo con una saudade melosa sin fin. Ayer, a las diez de la noche aquí y a las cinco de la tarde ahí, jugadores e hinchas brasileños rompieron el protocolo de la ceremonia de inauguración del Mundial 2014. Siguieron cantando nuestro himno a viva voz, aunque la música se hubiera detenido, aunque que la FIFA no lo permitiera, aunque tantas polémicas envuelvan una sociedad que tiene más razones para quejarse que para estar contenta. Yo vi y oí todo desde este otro hemisferio del mundo, a través de una televisión que insistía en hablarme en castellano. Juntos, Neymar y yo lloramos. Al son de latas de cerveza abriéndose, papas y nachos siendo masticados, amigos de toda suerte y nacionalidad charlando. Un paisaje difícil de reproducir así por escrito.

El otro día tuve clase de Paisajes Sonoros, con Juan José Perona y Mariluz Veloso. Y que nadie nos oiga, no las he digerido muy bien. A mí, que estaba más acostumbrada al concepto de paisaje sonoro aplicado al audiovisual, como en la película August Rush (2007), me pareció un poco limitado el abordaje centrado en la perspectiva radiofónica. Eché de menos ejemplos de viajes sonoros donde los sonidos tienen el mismo valor que la imagen, ya que estamos inseridos en una cultura demasiadamente visual. Así como proyectos experimentales que fomenten reflexiones acerca de la concepción y de la percepción de nuestros propios proyectos de viaje. Creo que molaría analizar el trabajo de Claudio Vargas y Francisco Ovalle en Postales Sonoras, por ejemplo. O aún, lo que hicieron los chicos del Postales en Movimiento. Por otro lado, pudo aproximarme a una terminología que todavía yo no conocía: plano radiofónico, punto aquí, punto aquí móvil, archivos Dalet, convenciones sonoro-narrativas, entre otros.

De todos modos, irmã, yo ya sabía que este año fuera de Brasil no sería de los más confortables. Al aceptar este máster, renuncié al Mundial, al carnaval, a las elecciones, a tu cumple de 18 años, a las bodas de plata de nuestros padres, a los conciertos en la playa que yo asistía en Río, a los pájaros en la terraza deseándonos buenos días en Brasília, a un amor que vivía en São Paulo, al acento nordestino de la abuela durante la vacaciones en Pernambuco, al ritmo de vida en este Brasil singular. Que habla mucho y a través de muchos. Que de tan antropofágico culturalmente, y tan castigado económicamente, nos enseñó a pensar de manera polifónica. Así que hay momentos aquí en que mi corazón verde amarillo se descompasa, me falla la elocuencia. Pero quédate tranquila, que yo intentaré seguir cantando nuestra brasilidad a viva voz.

Un beso, tu Naná.

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