Chocolate tailandés

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Sopa con hierbas aromáticas. Fuente: Anna Boschdemont

Querido amigo:

Hace unas tres décadas, la primera escuela de cocina tailandesa que se estableció en Chiang Mai rebautizó los chiles y los empezó a llamar chocolate tailandés para sorprender a los viajeros que acudían a su centro a descubrir los secretos de su cocina. Cierto es que el chile tiene una fuerte presencia en la gastronomía tailandesa, sin olvidar otros condimentos igualmente imprescindibles como la salsa de pescado, el cilantro, la pasta de gamba o la crema de coco. Una vez franqueada la barrera del picante, es fácil acostumbrarse al chile e incluso engancharse a ese toque especial que aporta un extra de sabor y un agradable cosquilleo a la lengua al que muchos europeos no estamos habituados.

Si bien es probable que los fideos y el arroz le acaben saliendo por las orejas a uno por ser la base de muchos de sus platos, el país de las sonrisas tiene muchos placeres para el paladar más allá del archiconocido pad thai. Muestra de ello es el variado menú del que se puede elegir nada más llegar por la mañana al antedicho curso de cocina. Cinco opciones para cada uno de los seis platos que se cocinan por pequeños grupos a lo largo de toda la mañana: una sopa, un entrante, una pasta de curry, un curry (utilizando la pasta ya hecha), un salteado y unos postres.

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Preparando curry verde. Fuente: Anna Boschdemont

Cesta en mano, el segundo paso es ir al mercado local a comprar los ingredientes que se van a necesitar, un buen momento para conocer cómo se produce la crema de coco y aprender a diferenciar entre la amplia gama de chiles y las curiosas variedades tailandesas de ajos, berenjenas, albahaca… Uno llega a la conclusión de que las despensas de las casas tailandesas deben dar gusto de ver, pues para algunos platos se necesitan hasta quince ingredientes, la mayoría condimentos usados en cantidades muy pequeñas.

De vuelta al centro y una vez agrupados, cada cual tiene sus propios ingredientes y utensilios para ponerse manos a la obra siguiendo las instrucciones de las monitoras, cuya experiencia impartiendo cursos es más que evidente a juzgar por la buena organización y su inglés fluido. Ellas ayudan a los menos diestros en los fogones para que los platos resulten comestibles, aunque cabe decir que todo es relativamente fácil y rápido de cocinar, básicamente se preparan los ingredientes en las tablas de cortar y luego se cuecen en el wok.

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Rollitos de primavera. Fuente: Anna Boschdemont

Un ejemplo real de menú, ilustrado en las imágenes, podría ser: sopa con hierbas aromáticas, rollitos de primavera al estilo tailandés, verduras mixtas con salsa agridulce, curry verde (con su pasta de curry casera) y de postre, pudin de arroz negro glutinoso (sticky rice). La guindilla del pastel, un certificado y un libro de cocina con todas las recetas.

Sólo hay dos problemas. El primero, ser capaz de comerse todos los platos sin morir en el intento. El segundo, llegar de vuelta a casa entusiasmado por la cocina tailandesa y no encontrar los ingredientes para reproducir alguno de los manjares que ya recuerdas con nostalgia. Aunque uno se apañe con productos de supermercados asiáticos o acuda a restaurantes tailandeses, difícilmente ese curry vaya a saber igual que el de aquel día cenando en Ao Nang…

Hasta pronto, un abrazo.

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