‘Una historia verdadera’ (1999), de David Lynch

The Straight Story

Fuente: Google

Querido abuelo:

El otro día vi una película que me hizo pensar mucho en ti. Seguramente te gustaría porque te sentirías muy identificado con su protagonista. Es de las pocas películas en que el actor principal es un hombre de la tercera edad, con una movilidad y visión muy limitada, pero que no por ello deja de hacer lo que le antoja superando sus carencias. Su testarudez, propia de un anciano de la América profunda, le conduce a un periplo insólito, como consecuencia de una probable demencia senil. Pero lo más destacable de esta historia es que ocurrió de verdad. De aquí el nombre: Straight story, que posee un juego de palabras sublime con el auténtico apellido del hombre y el calificativo de verdadero: Straight.

Esta historia real conmovió a David Lynch, que se desmarcó de su estilo personal más surrealista e inquietante para dar vida a un personaje de a pie, humilde y sencillo, interpretado a la perfección por Richard Farnsworth, que fue nominado a un Óscar. Se muestra un personaje entrañable que se va haciendo querer cada vez más con cada milla que avanza. El mismo Lynch aseguró que era su película más recta y quizás también la más humana. No tiene mucho de Lynch pero sin embargo trata esta historia tan sencilla de una forma especial.

La película empieza en los campos de maíz de Iowa y se prolonga hacia el Este, siguiendo la misma ruta tomada por el verdadero Alvin Straight, cruzando el Misisipi para llegar a Wisconsin en otoño, cuando los colores son más intensos, todo ello con una banda sonora que se va repitiendo incluso horas después de terminada la película. El motivo y objetivo del viaje es visitar a su hermano, que ha tenido un infarto y con quien no se habla desde hace más de diez años. La película es un vivo ejemplo de que no es tan importante el qué sino el cómo.

El cómo hace este viaje es el punto fuerte de la historia. Seguramente es el medio de transporte más estrafalario que se puede utilizar para recorrer cientos de quilómetros. Un cortacésped, una segadora John Deere que arrastra un remolque y que a pesar de no estar pensada para hacer tantos quilómetros y de poderse averiar en cualquier momento, consigue transportar a su conductor. El fin justifica los medios, aunque estos sean precarios. El largometraje da al concepto de viaje una vuelta de tuerca más, porque transforma un hecho tan cotidiano y banal como una visita familiar en una odisea única.

La parsimonia es una cualidad que invade al personaje y la película desde el primer minuto hasta el último. El film es muy lento, lentísimo, pero aún así tampoco se hace aburrido. La velocidad del cortacésped es a la vez una ventaja y un defecto, ya que sin poder avanzar demasiado da al conductor un enorme tiempo para pensar, reflexionar y disfrutar del paisaje, saboreando el momento hasta que éste forma parte de él. Cinco semanas para lo que habría sido unas horas para cualquier ciudadano. Pero así era como quería hacerlo él, a su manera.

Este viaje es una redención para Alvin, el último reto que debe cumplir para estar en paz consigo mismo antes de dejar este mundo. Con toda una vida detrás, durante el viaje Alvin va recordando momentos vitales y presentando su entorno y pasado ante los diferentes personajes que se va encontrando por el camino. Una adolescente embarazada, unos jóvenes ciclistas, una familia acogedora, un capellán… Varias personas se cruzan por su camino pero la soledad intencionada del viajero le acompaña la mayor parte del tiempo. Hasta el final, que sin palabrería ni acción, consigue un efecto emotivo tan grande como se interprete. Al final consigue lo que quiere y mucho más.

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