Recuerdos de Malta

Querido amigo:

Foto: Anna Boschdemont

Fuente: Anna Boschdemont

Ayer, documentándome sobre Malta, me acordé de la vez que fuimos ahí de viaje con las compañeras de la universidad, hace ya cinco años. Cuatro estudiantes de Traducción aprovechando la época dorada de Ryanair, cuando la compañía irlandesa era realmente una aerolínea de bajo coste y casi regalaba los billetes. Aunque no escogiéramos nuestra próxima pequeña aventura según el destino sino según las mejores ofertas, tuvimos mucha suerte de poder conocer rincones de Europa muy variados.

La verdad es que no sabía qué esperarme de Malta, me resultaba un país totalmente desconocido. Llegamos una soleada mañana de abril y lo primero que me sorprendió fue el estropeado autobús de colorines que nos llevó del aeropuerto a San Julián, una de las zonas con más oferta turística de la isla. Nos instalamos en un bonito (y barato) apartamento, cerca de la zona de bares. Siendo primavera, aún no había las aglomeraciones de estudiantes de inglés típicas de las épocas vacacionales, aunque la vida nocturna ya era bastante animada.

Foto: Anna Boschdemont

Fuente: Anna Boschdemont

Dedicamos un día a visitar la capital, La Valeta, si bien la ciudad más poblada no es ésta sino Birkirkara. También paseamos por Sliema, otra zona turística situada al norte de La Valeta, y fuimos en barco hasta las dos otras islas habitadas del archipiélago maltés: Gozo y Comino. En esta última, donde por cierto  se rodaron escenas de Troya y de El conde de Montecristo, pudimos disfrutar del espectacular Lago Azul.

Está claro que sin destino, en este caso Malta, no hubiera habido viaje –físico–, aunque obviando esta parte, un viaje también se conforma de los pequeños momentos y anécdotas vividas, aquellos recuerdos que, aunque no necesariamente trascendentes para otros, son los primeros que me vienen a la cabeza años después. El pícnic del primer día, las conversaciones de después de cenar en el apartamento, las risas en un bar viendo el partido del Barça, nuestra relación de amor-odio con los conductores de autobuses y muchos otros instantes que, por suerte o por desgracia, no están plasmados en las fotos que te envío.

Tengo curiosidad por saber cómo habrá cambiado Malta cuando vaya en unos meses con mi equipo de Caminos Sellados. De momento, seguiré documentándome.

 Un beso.

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