La Barcelona neutral: rica, yonki, sexual

Abuelo:

Tú eras muy pequeño pero quizás aún te acuerdes de lo que vivían y decían tus padres en aquellos tiempos, el otro día conocimos un poco. Aquí en Catalunya el 2014 es una fecha conmemorativa por el tricentenario de la caída del país y con tanto proceso de independencia y consulta a veces se nos olvida que también es el aniversario de otro acontecimiento un poco más internacional: la Primera Guerra Mundial.

David Revelles nos hizo un repaso histórico de la ciudad de Barcelona en poco más de un par de horas y quilómetros. Viajamos cien años atrás y nos situamos en una Barcelona agitada por los efectos colaterales de la Gran Guerra. Efectos colaterales porque teóricamente la ciudad era neutral en el conflicto y no sufrió bombardeos ni tiroteos, aunque no por ello quedó al margen. De hecho la guerra tuvo efectos muy fructíferos para la ciudad: se esparcían las monedas como la metralla o se ondeaban billetes como banderas, los esmóquines eran el uniforme de camuflaje de todos los reclutas urbanos y en vez de tanques avanzaban Rolls-Royce recibiendo el mismo respeto y atención.

El Puerto, a rebosar de exportaciones

El Puerto, a rebosar de exportaciones
Fuente: Patricia Catania

Se dice que en cualquier guerra no hay vencedores, sólo vencidos; que una guerra no beneficia nunca a nadie; que la prosperidad sólo se logra en tiempos de paz. No lo negaremos, pues en general es así y no deberían existir las guerras, pero Barcelona fue una excepción en este caso. La ciudad se enriqueció enormemente gracias a las fortunas conseguidas por los industriales barceloneses, que tuvieron un suculento incremento de la demanda en la confección de ropa y armas para Francia e Inglaterra, que enviaban a través del puerto. Sólo les faltaba hacer ofertas como: ¡Promoción WW, por la compra de un fusil y un uniforme, le regalamos un ataúd! No sólo se contentaron con hacer de mercenarios manufactureros sino que quisieron alardear de sus ganancias por la pasarela adoquinada de la calle ante el plebeyo adorno del público receloso.

Momento de ruta en el barrio chino

Momento de ruta en el barrio chino
Fuente: Patricia Catania

Este contraste social-económico fue el combustible del descontento proletario, a quienes faltó la chispa de unos despidos improcedentes para encender la rebelión entre los obreros y provocar lo que fue una histórica huelga general, originada en La Canadenca. En esa época los sindicatos tenían un par de… ¡colores! Hoy en día esto no pasa, se despiden muchos más trabajadores y en vez de huelga se trabaja más sin cobrar. Esta fábrica eléctrica estaba situada en el Paral·lel, que se convirtió en el bulevar de moda donde se reunía toda la alta cultura de la ciudad y el país, repleta de bares y cafés con eminencias o nuevos ricos charloteando entre sorbidos de té y caladas de puros.

Esta abundancia conllevó la introducción de nuevos consumos, que hasta el momento eran marginales. Si habéis visto El lobo de Wall Street sabréis que a DiCaprio se le va un poco la mano con las drogas y el sexo a medida que se va haciendo rico. Bueno, también hay ejemplos reales como el de Charlie Sheen.

Si Barcelona se había escapado de la Guerra Mundial, se encontró de golpe con otra guerra, la de las drogas. Entre la sociedad barcelonesa se consideró la cocaína o la morfina como un signo de sofisticación y glamur y un porcentaje altísimo de la ciudad se enganchó a las drogas, que eran de un acceso casi insultante, pues se podía conseguir en las farmacias, en los bares y por supuesto en la calle. Seguramente fue la Barcelona más blanca hasta la nevada del 1962.

Madame Petit

Madame Petit
Fuente: Patricia Catania

Pues si estaba de moda ponerse polvos en la nariz, también lo estaba poner la nariz en lugares donde conseguir un polvo. Y uno de estos sitios era el Madame Petit, donde hacían bukakes, fístings… pero claro, de aquella época. Estos cabarés estaban situados en el Raval, conocido como barrio chino por las chinadas (hurtos) que se producían, que aún ofrece estos servicios pero sin los carismáticos edificios. La noche de Barcelona no terminaba nunca, las partidas de póquer se alargaban hasta que el alba hacía un all-in, el tango y el jazz sonaban hasta que daban paso a los pájaros y los prostíbulos gemían hasta lo que daba el monedero o el perchero. Antes de que saliera el lema “sexo, drogas y rock’n’roll” Barcelona ya tenía su lema de “sexo, drogas y tango”, y las farmacias tenían el suyo: “Polvos Tango, para que el culo aguante toda la noche sin irritarse”.

Interior del 4 Naciones

Interior del Cuatro Naciones
Fuente: Patricia Catania

Para añadirle un poco de emoción a la ciudad, si es que no había ya suficiente, se apuntó al panorama la figura del espía, que veía Barcelona como un lugar neutral fuera del campo de batalla pero donde se podía conseguir mucha información y trabajar desde la retaguardia. La ciudad estaba llena de espías de todas las naciones y los dos bandos y uno de los sitios donde solían hospedarse era el Cuatro Naciones, un hotel que parecía estar vacío a pesar de estar al completo, pues todos sus sigilosos y discretos huéspedes se escondían entre las plantas o detrás de los cuadros. De hecho, Jordi Solé sitúa su novela Ciutat d’espies en este emblemático hotel, uno de los más viejos de Barcelona y que alojó a Einstein y Buffalo Bill, por ejemplo. Por si alguien se había preguntado nunca qué podían tener en común estos dos personajes.

A continuación podéis ver un vídeo resumen de la ruta que ofrece David Merelles cada sábado con Itinera Plus:

Es en catalán el vídeo, por lo del tricentenari, pero la ruta puede ser en español y en inglés.

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